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Imagen tomada de Internet |
Entre pollas y poyas anduve
aquella maldita noche tropical de mayo. Cuestionándome si sería más adecuado
decir polla cuando estuviera enhiesta, y si poya cuando flácida. Pero la “y”, griega
y mayúscula —la Y para entendernos— me abstrajo por su forma explícita de sexo
femenino —de pubis por si a alguien le genera dudas— lo que me llevó a concluir
que, en el caso del culo, sin dudarlo correspondería con el signo matemático +,
pero siendo un poco más poéticos o estéticos me decanté por la cruz latina † ya
que su brazo largo parece sugerir las piernas… mucho más largas.
Y en este desbarrado de
ideas no faltó tampoco quedarme un buen rato colgado con la X; quizá, la única
conexión entre la industria del porno y las matemáticas, pero lo más probable
es que exista alguna más si buceáramos en la vida privada de al-Juarismi. No,
esto es una frivolidad porque, como todo el mundo sabe, la incógnita X es un
símbolo tomado de la palabra Xei, helenización medieval del árabe clásico Shei
que significa “lo desconocido” o incógnito. La X del porno no es otra cosa que
la abstracción del gesto que los censores hacían con sus plumas sobre las obras
indecorosas, incluidas las pornográficas.
Pero como los surcos del
laberinto de la testa tienen estas cosas que te llevan y te traen por caminos
sinuosos; se me presentó el dilema de si las personas que tienen una cabeza
—testa— pequeña en realidad tienen un testículo encima de los hombros; pero no,
la palabra significa “testigos”. ¡Ja! Qué gracia: los testigos. No podían
llamarse de otra forma; bueno, sí: los cotillas, los mirones, los animadores o
los apoyadores que, retomando el inicio; apoyan cuando la flacidez se hace
presente y apollan —o animan— cuando el vigor aparece. Aunque ahora me doy
cuenta que apoyar es como consolar, pero no voy a entrar en el tema de los
consoladores, por lo menos hoy. Bueno, pero sí voy a pensar en ello, o en
ellos, o en las dos cosas, o en nada; no lo sé.
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