viernes, 27 de julio de 2012

Richard & Amadeus

Me llama la atención cómo a Wagner y a Mozart se les conoce más por su segundo nombre (Richard y Amadeus) que no por el primero (Wilhelm y Wolfgang). Esto es una pura anécdota introductoria de lo que en realidad quiero hablar, así que allá vamos. Siéntense y disfruten... si pueden. Ah, por cierto, ¿han intentado pronunciar sus primeros nombres sin saber alemán?

Dos jarras de cerveza se posan sobre la mesa y Richard reflexiona sobre el sonido del vidrio golpeando la madera: “Truenos a lo lejos que traen el fuego y la destrucción del Hombre”, a lo que Amadeus responde: “Timbales”. 

La genialidad de estos hombres no reside en el tamaño de su obra sino en hacer llegar con exactitud el mensaje que está en su cabeza a la nuestra, y de una manera única. Hacerlo como otro ya ha hecho, no es a la manera de —a la “maniera” de—, no es un manierismo: es una copia —homenaje se llama ahora—. Decir que la grandeza de un relato musical, o literario, reside en el mayor o menor número de notas, o de palabras, de la composición es tan cruel como necio; y supeditar su valoración al gusto, también. Porque como todo en esta vida, el gusto también se educa.
En el tiempo que Richard expone el preludio de la obertura de cualquiera de sus óperas, Amadeus ha desarrollado ya la mitad de cualquiera de las suyas; y no por ello se puede decir que uno sea mejor que otro. Tan sólo es que cada uno necesita de distintos tiempos a la hora de expresar lo que tienen dentro. Quizás por ello Amadeus viviera sólo treinta y cinco años y Richard, setenta —parece como si Cronos hubiera marcado el “tempo” de sus composiciones decidiendo su reloj biológico—. Richard cuida hasta el último detalle de sus óperas, a las que incluso les escribe él mismo los libretos; mientras que Amadeus, los encarga, trabaja en equipo. Todo eso tiene que reflejarse de una forma u otra en la obra, es inevitable.
Lo que también evidencia su maestría es la pervivencia del mensaje de sus obras a lo largo de los siglos, teniendo la misma influencia en la cultura popular actual. Ejemplo claro: el cine. Se ha recurrido a la música de Richard en Excalibur de Boorman, Apocalypse Now de Coppola, The Boys from Brazil de Schaffner; todas ellas de innegable corte trágico e incluso epopéyico. Por el contrario a Amadeus lo podemos encontrar, que recordemos, en Oci Ciorne de Mikhalkov, Out of Africa de Pollack, Flags of Our Fathers de Eastwood y Amadeus de Forman, pero esta última no me vale porque es una ficción biográfica. La obra de Amadeus queda para obras románticas.
Un inciso: Me viene a la memoria la influencia de Beethoven y el paradigma dentro del cine que es A Clockwork Orange de Kubrick —y la genial adaptación de Wendy (Walter) Carlos del maestro sordo. Ay Wendy-Wendy...—, pero esa es otra historia...
Prosigamos: Como no podría ser de otra forma, el hecho de que Richard y Amadeus conciban sus obras con desarrollos temporales tan diferentes no hace, sin embargo, que las estructuras musicales de ambos no sean complejas, como corresponde a su genialidad. Richard quiere que sus composiciones fluyan, que no existan interrupciones entre las partes y para ello transforma la tonalidad hasta hacerla casi desaparecer. Mientras que la estructura de las sonatas de Amadeus es: AB-BA CC-DD DD-CC BA-BA; Richard concibe sus composiciones como ríos que fluyen por paisajes diferentes. No quiere que existan interrupciones entre las partes y para ello transforma la tonalidad hasta hacerla casi desaparecer. Sus obras son totales o completas —signo inequívoco de modernidad— en las que música, palabra e imagen tienen que estar fundidas, no superpuestas. El máximo exponente en la actualidad de esta idea de la obra total en las que todas las artes hacen acto de presencia es Peter Greenaway (The Draughtsman’s Contract, la fallida The Belly of an Architect, Prospero’s Books, The Pillow Book).
Amadeus es, sin embargo, un “manierista”. Recoge toda la tradición que llega a su época y la pone patas arriba porque la reinterpreta, se salta los cánones, las reglas compositivas y mezcla, una y otra vez. Eso es lo que hacía Quentin Tarantino en su ópera prima Reservoir Dogs. Bueno, también en otras, pero es que la que más me gusta es la primera.
En el campo de la literatura la novela puede ser entendida como un conjunto de cuentos, mientras que el cuento sería la unidad mínima de narrativa, tamaños aparte de cada una. Desde este punto de vista, y por el de la extensión de las piezas también, entendemos que Richard sería un novelista y Amadeus un cuentista.  Claro, que alguien podría decir que Amadeus también tiene operas, que vienen a ser como novelas pero, en su caso, casi me atrevería a decir que son como antologías o recopilaciones de un mismo hilo argumental.
Decía antes que el gusto se educa. Cuando alguien, frente a algo comprobado y constatado que está bien hecho, dice: “Esto no me gusta” es evidente que se está desautorizando a todos los niveles. Siempre hay que argumentar las valoraciones, los juicios de valor, pero nunca bajo el gusto —subjetivo y reaccionario—. Sé que existen frases recurrentes pero son discutibles y cuestionables y poco recomendables porque siempre se acaba confundiendo el gusto personal con lo correcto —acto vanidoso—. Es lo que sucede con los ignorantes, que frente a lo desconocido, y el temor que les supone reconocer su inexperiencia —porque la ignorancia se cura con la experiencia, o el aprendizaje; es lo mismo—, siempre acaban diciendo lo mismo: “no me gusta”.
En la actualidad se asocia a Richard con el nazismo —el famoso chascarrillo de Woody Allen diciendo que escuchándolo le entraban ganas de conquistar Polonia lo sintetiza muy bien— no sin razón, puesto que era un antisemita reconocido, pero aquí entramos de lleno en la confusión del genio y sus virtudes con la persona y sus vicios. Nuestro acervo cultural heredado hace que repudiemos el nazismo por razones obvias y todo aquello que se le asocie y, por ende, la música de Richard tan amada por la bestia del siglo XX; pero de ahí a no reconocer la belleza de su obra... Estoy seguro de que Amadeus le tiene que gustar a mucha gente indeseable. Es imposible que su música no cale hondo en algún criminal, asesino en serie, violador, magnicida, incluso banquero o político; y no por ello hay que dejar de escuchar su música: ella es anterior a cualquiera de nosotros y perdurará en la memoria de las generaciones futuras... nosotros no.


martes, 24 de julio de 2012

Charlize Theron (No existen las casualidades II)

Marvin Gaye - A Funky State Reincarnation (1978) [Enlace]

Imágenes capturadas de la televisión
Recuerdo que ya hace quince años del éxito que supuso la campaña publicitaria de vermouth con nombre italianizado de “veranillo santo de mes de septiembre”. Todo el mundo recuerda a la joven que valoraba más perderse con el chico descarado que se mesaba los labios con el pulgar que permanecer junto al capo de cabellos y albornoz blancos, aunque aquello le costara la parte trasera del vestido y que todos admiráramos durante unos segundos la desnudez, redondez, y rotundez de su trasero contoneándose al compás del deshilado; antes de que saliera con graciosa elegancia la censura en forma de la marca anunciada. El anuncio no tiene desperdicio: es un excelente ejemplo publicitario, además de cinematográfico e incluso, quizás, cómo no, semiótico. Decía —antes de que perdiera yo también el hilo— que todo el mundo recuerda la escena pero muy pocos o nadie que detrás de aquella modelo se escondía un diamante en bruto, toda una señora actriz.
La segunda parte de esta historia es que al diamante en bruto, quince años después, cuando ya se ha convertido en toda una señora actriz, le ofrecen continuar con el juego erótico anterior. Al final del anuncio del perfume, francés —cómo no—, la protagonista se aleja moviéndose con el mismo porte y cadencia; ha dejado ya todo su vestido por el camino, como “agradeciendo” con ese desnudo integral —cual guiño íntimo y cómplice— a sus seguidores todos los años de confianza depositados en ella desde el primer anuncio. Ni que decir tiene que tras todos esos años de respiración contenida, de deseo inconcluso del primer anuncio; con el segundo se culmina el orgasmo visual y mental que supuso la interrupción de ciento ochenta meses antes. Ahora el recurso censor es un magistral contraluz, pero viendo cómo se aleja —y os aseguro que no me ha costado encontrar el fotograma exacto— en ambos trabajos, es imposible pensar que todo sea casual. De nuevo no existen las casualidades porque el mundo está lleno de gente que piensa... hasta el mínimo detalle. Las cosas no son lo que parecen, sino lo que son.

domingo, 10 de junio de 2012

El origen del mundo


La obra de Courbet no fue bautizada con ese nombre hasta bastante después de haber sido creada. Era un encargo personal de un Bey turco para su uso y disfrute –sexual- porque el onanismo masculino es una práctica universal que no entiende de religiones ni de naciones. El lienzo mide 50 x 46 cm que, a la distancia adecuada –unos 2 m- toma su protagonista el tamaño exacto y natural de lo que representa. No se necesita ser un lince para ver que estamos ante las prehistóricas páginas centrales de la revista Plaiboi[1]. El encargo, vamos a llamar al cuadro desde ahora así, fue condenado al ostracismo al poco tiempo de ser creado porque su dueño, el Bey –un calavera y pendenciero-, se arruinó con el juego y dos años después de ser pintado pasó a la lúgubre y lóbrega trastienda de un anticuario de arte.

Gustave Courbet: El orígen del mundo (1866)
Musée d'Orsay. Paris

Este encargo fue único en su momento puesto que la figura humana aparece mutilada –desmembrada y decapitada- motivo por el que causó tanto rechazo. Estamos ante una obra de arte contemporáneo porque lo primordial no es el todo, sino las partes, y por cómo se muestran. No existe retórica en el discurso. Se muestra el mensaje como es. Los protagonistas son el pubis, el vientre y el seno. Tres elementos complementarios para apoyar el único motivo: el origen del mundo –recordemos que cuando se crea todavía no tiene título, éste es muy posterior, en pleno siglo XX-. El mundo se origina por el deseo primitivo del individuo por permanecer más allá de la vida; se desarrolla o transmuta de embrión a naturaleza en el vientre y acaba nutriéndose del pecho –no es casual que sólo se muestre uno, no se necesita más-. El sexo es el instrumento y el faro del deseo; el ombligo, el vórtice del vientre; un pezón esbozado, la baliza del seno.

Una sábana o tela blanca ensortijada envuelve el cuerpo como entre un halo de humo, como si el torso surgiera de la espesura de la imaginación. No es un blanco inmaculado porque el fin de este encargo es, cuanto menos, innoble. Cierto es también que con el recurso de la sábana, el autor se evita el esfuerzo de seguir dibujando partes del cuerpo que distraen del mensaje principal. Pero es un recurso acertado puesto que el fondo es oscuro, casi negro. La sábana es el batallón de luces que enmarcan la escena central, como en las barracas de feria, o casinos de desiertos, que tan bien nos explicara Venturi[2] cien años después.

Con todo esto, y sin extenderme más en disquisiciones teóricas, quería aprovechar la ocasión para revindicar el verdadero sentido de esta obra, que no era otro que el disfrute, el placer sin más, el desahogo de tensiones, la serenidad que transmite a quien lo mira –o lo admira-. El sexo es lo que tiene, que relaja, aunque sea sólo mirándolo, lo que convierte a los –y las, que nadie se lleve a engaño-  visitantes en el museo en unos “voyeurs” involuntarios, inconscientes –no conscientes- de ello.


[1] No es que no sepa escribirlo, es que no quiero problemas legales.
[2] Robert Venturi: Aprendiendo de Las Vegas (1972). Ed. Gustavo Gili

miércoles, 23 de mayo de 2012

Espacio-Tiempo

El descubrimiento de que la Tierra era redonda –esférica es más correcto- no se constató de forma empírica hasta el viaje de Magallanes. Digo de forma empírica porque se sabía de manera teórica desde el siglo VI a.C. –Grecia clásica-. Desde que se formuló la teoría hasta que se pudo comprobar transcurrieron 22 siglos. Durante todo ese tiempo la náutica no evolucionó mucho, luego si no se circunnavegó –cómo me gusta esta palabra: circunnavegar- el planeta, no fue por medios sino por motivación. Y en 1521, a Magallanes le motiva lo mismo que al rey de España: el comercio. El comercio, y la seguridad de que la Tierra ya no es un plano finito en cuyos bordes aguardaban las bestias más fabulosas que pudiera imaginarse cualquier mortal.
No es el mismo caso exacto, pero ahora los astrónomos y cosmógrafos están en esa discusión: el universo es plano –euclídeo infinito- o, por el contrario, esférico –plano curvo finito-. Incluso existe una tercera hipótesis que propone que es un paraboloide hiperbólico –plano curvo infinito-. La importancia de este descubrimiento se reduce a lo mismo: saber si se puede enviar una nave que pueda volver para contarlo, es decir, existir motivación comercial. El problema es que las dimensiones –el espacio- del Universo son infinito-temporales para el Hombre, por lo que parece imposible que alguna vez pueda circundarlo no por la tecnología, sino por su limitación temporal, porque no puede ser eterno.
Pretender la inmortalidad de la especie humana se antoja harto difícil, no así la longevidad –ya existen estudios serios sobre el límite probable del techo de la esperanza de vida: 150 años- por ello creo que la revolución tecnológica de los viajes siderales pasa sin remisión por la conquista del tiempo –pura ciencia-ficción, lo sé-, pero Orwell y Clark ya pensaron en ello. No creo que sea descabellado, también pensó Verne en llevar un hombre a la Luna y parece ser que ya ha llegado.
El problema reside en encontrar el modo de plegar, aproximar, reducir[1] el duplo espacio-tiempo del cosmos, del que cada vez se está más de acuerdo que es indivisible o, quizás, lo mismo. De momento seguiremos pensando que el tiempo más corto en recorrer dos puntos es una curva. Sí, una curva, porque de aquí a Nueva Zelanda sigue siendo más rápido viajar por la superficie de la Tierra –línea curva- que por el centro de la misma –línea recta-.


[1] No parece, de momento, que sea posible realizar viajes temporales negativos, es decir, al pasado.

domingo, 6 de mayo de 2012

Moebius


Primera viñeta de la obra "El Incal" (1981), guión de Ale-
jandro Jodorowsky, en la que John Difool cae al abismo de
Suicide Avenue. Inspiradora de la película de Luc Besson,
"El quinto elemento" (1997).

Ha muerto Juan Giraud, alias Moebius. El ilustrador de la saga del Incal falleció el pasado 10 de marzo, y con él todo un universo estético de la ciencia-ficción. Nos ha dejado huérfanos a todos los que le seguíamos desde principios de los 80... son treinta años, casi la edad de un matrimonio. Por eso, le echaremos de menos. No voy a hacer ninguna reseña biográfica ni bibliográfica por innecesarias, para ello ya existen lugares específicos, tanto físicos como virtuales.
Para algunos será el creador del Teniente Blueberry, pero para mí siempre será el padre de John Difool y, en cierto modo, uno de mis padres, de mis referentes literarios. Sé que sólo era dibujante de cómics pero son ellos, los dibujantes, quienes realizan un importante trabajo de descripción de ambientes y lugares.
¿Nadie recuerda la frase "una imagen vale más que mil palabras"? Seguro que la respuesta de muchos sería que si las palabras son bellas, superan a la imagen. Yo les digo que si la imagen es bella, las palabras siempre se quedan cortas. Y es muy difícil inventar palabras, si no que se lo digan al ilustre Matías Martí, pero las imágenes... ¡ay las imágenes! Todos los años se premian trabajos gráficos de profesionales de la fotografía de todo el mundo... me estoy desviando del camino, pero quiero apuntar que el dibujo fue el precursor de la escritura y será lo último que escriba el último humano de este mundo.
Este tipo, Moebius, con quien me pasaba noches enteras, en vez de estar estudiando trigonometría o latín, admirando sus paisajes miesianos[1], sus colores imposibles o sus bestiarios[2] tan personales y maravillosos fue el primero que me abrió una puerta del cerebro y me introdujo dentro de mí mismo para que observase desde fuera lo que tenía en mi interior. Contado así parece la crónica de un desvirgamiento, y quizás lo fuera. Lo cierto es que desde que tuve en mis manos un “Metal Hurlant” y leí una de sus historias, mi percepción del mundo cambió de manera radical –todo esto lo escribo en 1ª persona para significar más aún si puedo mi homenaje hacia él-.
La gran pérdida, aparte del valor humano, es que no se vislumbra que nadie haya recogido el testigo de su obra, no me refiero a que no haya creado escuela, sino que parece no haber un claro sucesor o tendencia sucesora. Desde los Estados Unidos sigue amenazando la invasión Marvel, cada vez mayor y, de una forma casi paradójica y surrealista, alimentada por el ingenio europeo. Con los avances tecnológicos Superman, Batman, Spiderman y la Patrulla X, entre otros, son dibujados en España, Holanda, Francia o Italia, por excelentes dibujantes oriundos de estos países, y mandados los trabajos por las ondas Hertzianas a las editoriales norteamericanas; así ahorran portes y el precio resulta más competitivo.
De todas formas, el cómic europeo sigue manteniéndose a flote entre esos dos grandes buques de guerra[3] que son los EE.UU. y el Imperio del Sol Naciente... ¡sí, Japón!, pero esa es otra historia...



[1] Siempre he preferido utilizar este adjetivo al de minimalista. Es un hábito adquirido en la ETSAV a la hora de defender mis proyectos ante profesores que entendían mal el concepto de sencillez de Mies van der Rohe llevado a la actualidad. Quiero decir que el minimalismo, en arquitectura, no es más que una recuperación de las tesis del arquitecto alemán. A veces se consigue y otras no. Pero lo que está claro es que existe una gran diferencia entre la sencillez “miesiana” y la de Le Corbusier o la de Louis Kahn.
[2]  Es innegable el conocimiento de los bestiarios medievales y su profundo estudio por parte de este autor y su posterior influencia en su obra.
[3] Lo de buque de guerra no es una metáfora, porque para estos países cualquier fuente de ingresos se nacionaliza y protege frente a ingerencias externas y, como decían los estrategas romanos, la mejor defensa es un buen ataque, que siempre ha sido su política.

miércoles, 29 de febrero de 2012

El día que descubrí que el 1 no era primo


Criba de Eratóstenes a la que se le ha suprimido la primera
casilla para que se cumpla el "Teorema fundamental de la
aritmética".
Estás tan a gusto haciendo la paella. Poniendo a prueba la última recomendación absurda sobre la cocción del arroz, esperando a que se haga la hora de comer y de repente... ¡Chof! Un jarro de agua fría: el número uno no es primo. No ganamos para sustos. Primero, que si el núcleo de la tierra es sólido; luego, que si Plutón no es un planeta; y ahora esto. ¿Qué será lo próximo... que π tiene un número finito de decimales? Esto es alucinante. Tantos años estudiando, para que al final venga un nuevo grupo de eruditos sobre materias trascendentales con problemas de adaptación y aceptación social y te digan que lo que te dijo el antiguo grupo de eruditos sobre materias trascendentales no era cierto, que lo que vale es lo que dicen ellos, no los otros, los de antes.
La “nueva” definición de número primo dice que “Un número entero mayor que 1 se denomina número primo si sólo tiene como divisores positivos a sí mismo y a la unidad”. Ahí está la trampa, que antes era “cualquier número entero”.
Para mayor guasa “El teorema fundamental de la aritmética” dice que “cualquier entero mayor que 1 puede escribirse de forma única como un producto de números primos, escritos de menor a mayor”. De modo que, según la definición, 6 ahora se expresa como 2 × 3, y 11 sólo como 11. Si 1 fuera primo sucederían cosas extrañas, como por ejemplo que 9 = 1 × 9 pero también que 9 = 1 × 1 × 9 y así sucesivamente; y esto invalidaría el teorema anterior. Aunque este último ejemplo, querido lector, tú y yo sabemos que sólo se le puede salir de la mente que pretende ser listo pero que no lo es. Sería lo mismo que decir que el 2 tampoco lo es porque todos los números pares son múltiplos de él.
Eratóstenes inventó un sistema para descubrir cualquier número primo. Ordenó todos los números en filas de diez unidades como se presentan en la imagen adjunta. Descartó todos aquellos que fueran múltiplos de 2, luego de 3, 5 y 7 –en este ejemplo sólo aparecen los 120 primeros- pero seguiríamos con los de 11, 13, 17... y descubrió, entre otras cosas interesantes, que a partir de la segunda fila, todos los primos acababan en 1, 3, 7 ó 9; y que sólo dos filas contienen más de cuatro primos –con Eratóstenes la primera fila tenía cinco, ahora sólo cuatro-. Esto se repite en dos filas cada centenar de números.
En el dibujo se aprecia también la cadencia o sucesión de los múltiplos de los pares –en este ejemplo sólo hasta los múltiplos de 7- o la sucesión de primos acabados en 1, 3, 7 y 9.
...
¡A lavarse las manos y a comeeeeer! La conversación terminó en ese mismo instante y ya nunca más volviste a hablar del tema, aunque te apasionara tanto como a él y a pesar de que no fuérais matemáticos ninguno de los dos. Por desgracia, nunca más continuarás esta conversación.


miércoles, 22 de febrero de 2012

La palabra es un arma de doble filo

La derecha española ha aprendido a hablar. Hace tiempo que se ha apoderado del discurso demócrata y lo utiliza para un interés común, que no general, como arma contra todo aquel que no piense como ella. Ya no son sólo los cuatro señoritos que gobernaban en la sombra, ahora se han rodeado de voceros visibles que, a cambio de un minuto de gloria en televisión -como decía Warhol-, están dispuestos a recibir todo tipo de descalificaciones porque están vacunados contra la vergüenza -tragaderas se le llamaba antaño-. La televisión genera mucho dinero y da igual de quién se cobre mientras se cobre; ni se sabe el tiempo que hace que nadie se preocupa ya de dónde sale el dinero con el que subsistir, si existió alguna vez ese tiempo.
Se ha ordenado retirar la policía de las calles de Valencia desde las altas esferas del gobierno[1] porque han descubierto que no tienen suficientes efectivos para controlar a la enorme oleada de gente que se les ha echado a la calle, y porque saben que con la palabra pueden ser más efectivos.
Ya se ha iniciado una campaña de manipulación y CENSURA moderna desde los medios de comunicación donde los directores de redacción de noticias o como quiera llamárseles ahora a los censores modernos, empiezan a cortar imágenes y a descontextualizar declaraciones para influir al resto de la sociedad. Porque no nos equivoquemos, esto para fallas (dentro de 30 días) lo más seguro es que haya perdido fuelle porque las fallas son sagradas (y deben seguir siéndolo tanto como la educación y la sanidad) y porque los movimientos estudiantiles son muy llamativos pero poco efectivos si no tienen el apoyo masivo de otros colectivos poderosos -no el de profesores, que ya está bastante desprestigiado- sino por... ¿cuál es el colectivo profesional con más prestigio en España?... ¡pues por ese!. ¿Dónde están las AMPA? (el corrector del Word me indica que ampa es con h... quizás tengan razón). Mudas, pero ya veréis del lado de quién se ponen, de momento un “grupo de padres” va a demandar a la policía pero las “ampas” seguirán la voz de su amo.
“Las fuerzas del orden están para mantener la paz” dice alguien del gobierno, “hay que combatir al enemigo” dice el director de la policía... ¡Estamos en guerra y yo con estos pelos! (siempre me entero de todo el último) Pues este enemigo quiere proclamar que la lucha será baldía si se deja en manos de estos chavales, menores de edad, ¿o a nadie le ha dado coraje ver a esos dos estudiantes SOLOS frente a la delegada del gobierno? No fue David quien mató a Goliat, sino una piedra arrojada con un arma. Que nadie me malinterprete, que aquí el arma tiene que ser la palabra, pero no el discurso demagogo de los partidos políticos (patéticas declaraciones del paladín de los socialistas valencianos), ni el silencio sindical (claro, como los estudiantes no pagan todavía cuota y como en Valencia el ex-magnífico-rector-del-politécnico-de-cuyo-nombre-no-quiero-acordarme-y-que-puso-un-toro-metálico-en-el-campus ya se encargó de atar bien atado que no hubiera representación sindical de los estudiantes). La mitad de la universidad NO HARÁ NADA DE MANERA COLECTIVA, y de la otra mitad sólo su mitad, se echarán a la calle (no me imagino al profesorado y alumnado de derecho, económicas, medicina y farmacia en la calle de manera masiva). Total de la cuenta: 25% de la universidad. En fin, lo de siempre, al final se les presionará a los estudiantes desde sus familias para que no pierdan el tiempo “con tonterías” porque perderán el curso, a los “líderes estudiantiles” se les tentará con suculentas oportunidades laborales o privilegios universitarios y en dos o tres añitos estarán trabajando como voceros del verdadero poder, el que está a la sombra.
Gabriel Celaya decía que la poesía es un arma cargada de futuro... de futuro incierto, diría yo; y Blas de Otero, “Si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua, si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabrauna palabra que más tarde o temprano se la van a relativizar, tergiversar, descontextualizar y prostituir para transformarla en un simple sonido gutural, en un grito salvaje.


[1] Ahora es el gobierno de Rajoy, pero recordemos que hace menos de un año era el de Zapatero, no el de Esperanza Aguirre, quien ordenaba dar palos en Madrid. No así en Barcelona, porque allí las competencias están traspasadas, es cosa de Mas, pero da igual porque los "mossos d'esquadra" tampoco difieren mucho de sus antecesores.

viernes, 3 de febrero de 2012

Las tierras coloreadas

Hay tierras amables que se visten con elegantes y vistosos tapices de plantas con una infinita gama de verdes. A veces se engalanan con tal exhuberancia que incluso es imposible que el sol las ilumine y la putrefacción se extiende por el sustrato que sirve de alimento a un suelo, por lo general, rico en agua.
     También hay otras muchas cubiertas con corazas de asfalto para hacerse resistentes a la humanidad; cuando esta desaparezca, la tierra, con la ayuda de la mandíbula del tiempo, se irá desprendiendo poco a poco de la coraza para mostrar su verdadero aspecto.
Las tierras salvajes de los desiertos se muestran desnudas con su amplia paleta de colores como si fuera la cola de un pavo real. Colores por estratos o plegados como sábanas en una cómoda y que el viento tornea a su antojo.

Aunque lejos de aquí, también están las tierras altas y las tierras bajas. Las altas son blancas por el hielo que se aloja entre su estructura porosa y las bajas negras por el cieno que la corrompe y la pudre, excelente vivero de protoseres. 
"Terraos" de láguena en Las Alpujarras
Las tierras de color azul, de todas las gamas del azul imaginable, no por la distancia a la que se perciben, sino por la cantidad de arcillas magnésicas que contienen, llamadas launas. E incluso hay quien las llama láguenas, como esa diabólica bebida que mezcla coñac y anís a partes iguales.
Por la acción de los hombres las tierras, a veces, sufren fracturas en forma de canteras que encierran titanes congelados. Las de mármol blanco no son sino poderosos torsos atrapados a la espera de que cualquier escultor los libere. En sus vetas se distinguen las venas inertes de los seres que encierran.
      Las tierras que rugen del interior de las simas piden paso para nacer. Se trata de la ley invisible que se establece que por cada centímetro de tierra que nazca, otro debe morir. Una ley inmutable ante el deseo del hombre.
Los ríos, cuando no bajan con aguas, enseñan sus mantos policromos de cantos rodados, mares de perlas. Otras veces deciden cubrirse con harapos ocres de limos o légamos, refugio de seres del inmundos que todavía luchan por salir a la superficie.
Las tierras de color rojo, de fertilidad inequívoca, la que siempre ha buscado la codicia de los hombres, siempre queda oculta a los ojos de todos, con tupidos follajes.
...

jueves, 5 de enero de 2012

Europa empieza en el Taurus (Galacia y Cataonia)

Europa empieza en el Taurus y Chipre es una de sus tres puertas. Las otras dos son Malta y Tarifa. Pero una vez cruzas estos imponentes montes te encuentras con dos regiones, a saber: Cataonia y un poco más adentro, con Galacia.
Galacia es el país de los gálatas, un pueblo de origen celta que, en su peregrinación por Europa, llegó hasta las altiplanicies de Anatolia y allí se quedó... hasta que llegó Roma con sus legiones. No es casualidad que en la otra punta del mundo conocido, es decir, Roma, existiera otro pueblo de origen celta que le diera el nombre de Galicia a sus tierras. Al fin y al cabo celta y galo era como llamaban griegos y romanos a todos aquellos habitantes que vivían al otro lado de sus fronteras locales, y que ya estaban antes de que ellos los conquistasen... los romanos, porque los griegos eran más de colonizar, resultaba mucho más económico.
En cuanto a Cataonia, era y es una de las diez divisiones que algún rey de la Capadocia hizo por sus tierras. Es difícil saber su emplazamiento exacto, pero venía a ser la antesala de las grandes puertas de la vasta zona cultural europea, o de la cultura griega clásica que viene a ser lo mismo; los montes Taurus o Toros. Una vez se cruzaban sus cumbres uno se despojaba de la superstición para entrar de lleno en la razón. No negaré que los antiguos griegos no tuvieran todo un reino en el Olimpo plagado de dioses y seres fabulosos, pero no me negaréis que las leyendas sobre estos seres no se basan en oscuras supersticiones, sino en luminosas historias que arrojaban luz sobre los misterios de la relación del hombre con su entorno y consigo mismo.
Al parecer el gentilicio o el topónimo -da igual- de Catalonia (Catalonha en aranés) procede de una alteración de la latina referida a los lacetanos “lacetani[1]. La transformación se daría por metátesis entre la -l y la -c: lacetanos > catelanos > catelans.
En realidad Cataonia y Catalonia es una mera coincidencia de nombres, pero me hacía gracia relacionarlas. Una pequeña frivolidad por mi parte que espero sepáis perdonarme.


[1] Los lacetanos son un pueblo íbero que vivió hasta la llegada de Roma en la zona de Manresa (en lo hoy vendrían a ser las comarcas de Bages, y parte del Solsonés, l’Anoia y Segarra, en el centro de Catalunya).

sábado, 24 de diciembre de 2011

Capítulo 53 - Navidades ivernales: El mono

Hacía tiempo que las historias se fundían y entremezclaban, como si las musas, o las parcas –para el caso era lo mismo-, hubieran organizado una bacanal de vivencias en su azotea. Las pastillas no le calmaban en absoluto, de hecho, la vena angular le palpitaba como si tuviera vida propia, como si quisiera traspasar el epitelio y lanzarse a una expedición por la habitación, pero con sombrero safari, que aparentar es lo que prima. Pero no, se dijo... y posó un pañuelo empapado en alcohol sobre su frente –pensó que así, por lo menos, uno de los dos se embriagaría- que sólo consiguió adsorber, que no absorber, porque los surcos de las arrugas aumentaban la superficie específica y, por ende, la tensión superficial. De todas formas, el hígado se lo agradeció con una reverencia.
Tres años era demasiado tiempo para volver con un ex pero, al contrario de lo que pueda pensar la mayoría de la gente, el mono no entiende ni de plazos ni de terapias. Así que, como diría su abuelo: “a las tentaciones sólo resisten los santos”. Lo encendió, eso sí, con un billete de cien euros para que no todo el momento fuese placentero pero sí memorable y, mientras se lo fumaba, las frases que centelleaban descontroladas por su cabeza fueron ordenándose por estricto orden de antigüedad. Tomó la pluma –esto sólo se puede hacer si se es un escritor de los de antes- y se extrajo unas gotas de la vena del brazo. Sopló un poco de aire mezclado con el humo del cigarro para fijar la tinta púrpura bermellón y pudo comprobar con satisfacción que el contrato se ejecutaba al instante. En las siguientes dos semanas subsistió con una legión entera de café con whisky y de bombones rellenos de pippermint para organizar el mayor compendio de estupideces que un ser humano pudo hacer nunca bajo la fórmula de bestiario.

Tregua de Navidad. Un breve alto el fuego no oficial que ocurrió entre el Imperio Alemán y las tropas británicas estacionadas en el frente occidental de la IGM durante la navidad de 1914. La tregua comenzó el 24 de diciembre.

Es posible que el mono de la sangre ya estuviera contento, nunca lo sabré con certeza, pero el de la cabeza se había convertido en una bestia con vida propia. Nunca más necesitaría de relojes de arena para saber donde estaba el centro de la tierra y, desde luego, tampoco de tinta roja para escribir relatos del corazón.


miércoles, 21 de diciembre de 2011

Aprenda alemán en siete días*

Derribos Arias fue el mejor grupo de aquello que se llama ahora de manera tan unánime y orgullosa “la movida”. Diego A. Manrique y  Jesús Ordovás y algún que otro crítico musical son los únicos autorizados para hablar con propiedad de aquella manifestación cultural de inicios de los ochenta. No obstante, sí que me gustaría señalar que la mayor parte de aquellos grupos estaban formados por “hijos de papá” que podían permitirse el lujo de ser músicos y publicar sus trabajos con el dinero de sus papás... o mamás.
De todas formas Derribos Arias (Ignacio Gasca, Alejo Alberdi, Juan Verdera) es de esos grupos como Siniestro Total o como el inigualable Fabio Macnamara que hacen con sus canciones que uno se levante por la mañana con una sonrisa en la cara (no es fácil con los tiempos que corren) y decidiendo tener sus canciones como principio y final de forma y actitud ante la vida (aprende Almodóvar... que pena me diste cuando te vi vendiéndote como paradigma de la movida a Alberto de Mónaco para recaudar fondos para tu última película magdalenera). Surrealismo como vehículo cultural, ¿qué más se puede pedir? Aprender alemán en siete días...
Aprenda alemán en siete días... es algo más que una canción y es algo menos de lo que se tarda en aprender castellano. Esto lo aprendí cuando me convertí, sin buscarlo, en uno de los primeros estudiantes valencianos que acogían estudiantes de Erasmus, cuando los que venían lo hacían con la idea de aprobar alguna asignatura, sí, claro, saliendo de casa los jueves y no volviendo hasta el domingo, incluso alguno tuve que no lo hacía hasta los lunes y con resaca. Lo que sucedía es que una vez aterrizaban por aquí, las escuelas (así se llaman a las facultades en la universidad politécnica) les comunicaban que ninguna de las asignaturas de las que se matricularan les sería convalidada en su facultad de origen.
Nadie nos reconocerá nunca la labor que hicimos entonces los que los acogimos en los pisos de estudiantes compartidos, porque nos convertimos en gratuitos profesores amateurs de español (también tuvimos que explicarles por qué en Valencia era mejor decir castellano que español) no sólo les enseñamos a perfeccionar el idioma sino también la cultura y, en mi caso concreto, hasta les enseñamos a cocinar (tortilla de patatas y paella, que era lo que más les gustaba, se volvían locos).
Ahora en serio, ¿cómo se le explica a una persona hecha y derecha con pelo en el pecho o con enormes pechos la diferencia entre el “haber” y el “tener” o el “ser” y “estar” si en sus idiomas no existe diferencia; o por ejemplo ¿por qué incombustible quiere decir que NO se puede quemar y, sin embargo, inflamable quiere decir que SI se puede quemar? Por aquel entonces, principios de los noventa San Google y Santa Wikipedia no existían, e Internet era bastante más rudimentario y lento, quien disponía de él. Que a nadie se le olvide que una cosa es hablar con corrección y otra muy diferente y, muy difícil –doy fe de ello-, es explicar la corrección.



* La letra es muy sencilla: Worüber wollen Sie sprechen? ¿De qué quiere Vd. / quiere Vd. hablar? Fahren Sie mit Fritz? Fahren Sie mit Dora? Viaja Vd. con Fritz o va Vd. con Dora? Studieren Sie oder arbeiten Sie? ¿Estudia Vd. o trabaja? Fahren Sie mit Fritz? Fahren Sie mit Dora? ¿Viaja Vd. con Fritz o va Vd. con Dora? Aprenda alemán en 7 días. Eins, zwei, drei, vier.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Adiós, amor

Adiós, ¡amor!. Espero no verte nunca más escapándote de entre mis dedos. Se acabaron los días en los que tenía que pedirte permiso para salir con mis amigos, sin embargo, tú, podías irte con cualquiera. Me perseguiste durante años como si fueras una segunda sombra incluso en las noches de luna nueva. Tantas veces te pedí que me dejaras, que ahora soy yo quien te deja, por fin, para siempre. No me arrepiento en absoluto, al menos de momento, porque soy consciente de que en cualquier momento puedo volver contigo o que tú llames a mi puerta y te abra, y te deje entrar, y te vuelvas a quedar conmigo, y la historia empiece de nuevo o continúe donde la dejamos. Aunque me da la nariz, esa misma que he recuperado, que esta vez va a ser diferente porque tu recuerdo permanece en un surco de mi materia gris imborrable, todos los días, desde que me levanto hasta que me acuesto e incluso, a veces, sueño contigo.
Sueño que me persigues, que me alcanzas, que me ahogas. Siempre de noche, por la única calle plana del pueblo, con ese ruido de fondo mecanizado y vítreo de infinito recorrido, como una nube empujada errante por el viento. Por mucho que corra me resulta imposible desprenderme de ti. Es el complejo de culpa, sin duda, que nos persigue a mi subconsciente y a mí. Cuando despierto, sobresaltado y jadeante, te busco con mi mano izquierda para encontrar tan solo el mísero despertador, jodida máquina tocapelotas cuya única finalidad era acercar a las personas y que, poco a poco, se ha ido convirtiendo en un tirano que las aleja.
Me levanto mirando de reojo tu ausencia en el dormitorio y lloro por dentro... hasta que expulso el primer esputo de la mañana, entonces me convenzo de lo que he hecho... pero, ¡te echo tanto de menos!.

martes, 13 de diciembre de 2011

La élite del grupo

Las navidades son unas fiestas entrañables para pasarlas en familia, cuando la tienes. En caso contrario, son detestables, tanto más cuanto más familiares tienes a dos metros bajo tierra –excelente serie- y los amigos no suplen el vacío que se genera; puede parecer que es lo contrario, pero la risa no devuelve a los muertos.

La tríada terrible de la humanidad es el desprecio, la ausencia y el olvido; por lo general en este orden: primero surge el desprecio de alguien más o menos próximo, a lo que sigue la ausencia del despreciado y se culmina con su olvido –nadie se acordará de nosotras cuando hayamos muerto- terrible situación del individuo frente a la sociedad.
Cuando el grupo desprecia u olvida a un individuo una herida se está abriendo en este último y, dependiendo de su autoestima, se humillará al grupo o buscará otro que le sea más afín. Hoy en día, cada vez más, se diferencian los grupos por géneros. Al parecer en los años ochenta existían menos diferencias entre sexos que a fecha de hoy porque se compartían muchas más experiencias.
La madurez nos ha devuelto la realidad de algo que subyace por intereses mezquinos, y es que se propone la diferencia disfrazada de igualdad: ¿Quién, en el fondo más interno de su ser, quiere parecerse a otro?. Lo que se ansía en realidad es tener lo que tiene el otro, pero no serlo, porque todos tenemos el instinto primitivo de subsistencia del ego... a alguien se lo oí una vez en la radio decir, y creo que, la idea es bastante acertada, quizás no con estas palabras.
Sí, es cierto, las navidades me soliviantan mucho el ánimo porque me hacen sentirme atrapado, no me dejan expresarme con libertad porque eso supondría tener que enfrentarme a todo el grupo manifestando un desprecio que podría entenderse como una debilidad porque, en el fondo, se trata de un sentimiento y, en los tiempos que corren, nadie debe manifestarlos. La sensibilidad es una cualidad vergonzosa y, por ende, debe erradicarse, y a los tipos que lloramos de emoción ante la belleza o la concordia de las personas, también.
Los grupos son cerrados por naturaleza, por eso tienen estructura minoritaria. Basta que el número aumente para que se cree un subgrupo dentro que acabará generando una élite –otro grupo diferente- que renegará del grupo original tarde o temprano. Por eso es tan difícil mantener una democracia, porque los grupos tienden, más que a convencer, a vencer a los demás, como decía mi querido profesor Arnau. De lo que se trata es de esperar... a que las aguas vuelvan a su cauce, a que la gente se canse, a que la élite cree una nueva élite, a que los olvidados generen o se incorporen a nuevos grupos, a convencer con hechos que los grupos de personas cerradas son grupos cerrados.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Ensaladilla rusa (a J.R.1947-2009)

Supe desde el primer momento que aquella sería una relación muy difícil. Al principio, con el vino de por medio, todo fue alegría, y buen rollo. La cosa se complicó con el limoncello, alguien debió explicarme que con la mayonesa se convertía en un cóctel explosivo.
El caso es que fuimos a terminar la noche en una discoteca, ¡qué menos para un sábado por la noche!. ¿Podría un par de bailoteos desactivar aquella bomba de relojería?. ¿Y un Campari con soda?. ¡Nada, que no hay manera de que te sirvan en esta ciudad un Campari!. ¡Pues que sea un vodka con zumo de limón!, ¿camarero, camarero...? Fue la última palabra que recuerdo. Dicen que caí de bruces, ¡con lo sucio que estaba el suelo! Eso sí que lo recuerdo porque los manolos se pegaban mientras bailaba.
Fue amor a primera vista, de esos que dices: ¡este no se me escapa!. Fue entrar en la boca y disfrutar de esos dientes blancos como perlas y esa lengua sonrosada. Las patatas entraron por el esófago bailando por buleríah y cuando cayeron en el estómago no pararon de bailar zapateao; el huevo duro, que era muy chulo él, se arrancó por seguirillah y las patatas se lo recriminaron; menos mal que la mayonesa estaba allí para suavizar el ambiente; aunque los variantes, que son unos vinagres, no hicieran más que azuzar el ambiente diciendo: ¡Huevo... Huevo, a qué no hay pa’cantá por seguirillah! -Es que de pequeños se cayeron en el bote de vinagre y desde entonces tienen muy mala follá los jodíos- La lechuga y el atún, que nunca se enteran de nada, entraron los últimos y a trompicones. La lechuga acabó con todas las hojas por alto y el atún esturreao, encima de ella, rojo de vergüenza; y tó’l mundo despijotao de risa. ¡Uy, perdón, que he dicho un taco!. ¡Descojonao, quise decir descojonao!.
Cuando vino el vino, vino blanco y con guitarra; pero después vino limoncello, y con él vino el cajón; y el vino, el limoncello, la guitarra y el cajón se volvieron todos tintos a tocar y tocar, que si fandangos, malagueñas, cartageneras, tanguillos de Cádiz, de Huelva, sevillanas, martinetes, tientos. De tó, oigan, de tó.
De repente la luz se apagó y se oyó un golpe seco. Salimos por donde habíamos entrado, pero al ritmo de “salmonelosis”, que debe ser un nuevo baile de esos modernos porque los de alrededor, unos jóvenes vestidos de blanco, muy guapos, muy jóvenes, pero con cara de siesos, no hacían más que repetirlo... El caso es que eso nos dio igual, la jarana no había quién la parara, incluso la lechuga que, con el golpe, había perdido la mitad de las hojas e iba medio desnuda, siempre perseguida por el bobo del atún, se animó con el nuevo baile... ¡Salmonelosis... qué cosas, señor!.

viernes, 11 de noviembre de 2011

La tentación

Reciéntemente se ha descubierto una carta que Marinetti le escribió a Boccioni relatándole el primer encuentro que tuvo con Sant'Elia. Carta que se transcribe a continuación:


Le conocí en un guateque
era un chico alto y delgado
me miraba fijamente
parecía muy decente.

No lo pude resistir
me venció la tentación
el demonio me invadió
y pequé, sí, acepté.

Y mi castigo en el infierno tendré
y mi castigo en el infierno tendré
y mi castigo en el infierno tendré
y mi castigo en el infierno tendré.

Salimos de aquel lugar
sudorosos después de bailar
me llevó a su habitación
me propuso hacer el amor.

Entonces yo me escandalicé
pero así y todo acepté.
Entonces yo me escandalicé
pero así y todo acepté.

Encendió el tocadiscos
una música muy rara
solo daban alaridos
él se quitó la corbata.

Fue hacia otra habitación
regresó vestido raro
con el pelo muy planchado
tenía ojos de malvado.

Todo en cuero negro
un látigo sacó
entonces me dijo
que me iba a dar mi merecido
que todo esto me pasaba
por ser una puta, guarra!

Me dejó tan malherido
al otro día me confesé arrepentido
el cura me reprendió
pero deshizo mi confusión

Eso está mal no es natural
fornicar es un pecado mortal.
Eso está mal no es natural
fornicar es un pecado mortal.

He rezado Padres Nuestros
oraciones a María
en cadenas de un convento
así veréis que me arrepiento.

Señor no fue culpa mía
yo no soy una pervertida.
Señor no fue culpa mía
yo no soy una pervertida.



1- La tentación. Letra y música de Kaka de Luxe, del álbum Canciones malditas, 1982

lunes, 24 de octubre de 2011

Demonios fuera

De vez en cuando, de tanto en tanto, es necesario echar demonios fuera, purgarse de la mala leche que el día a día te va colmando. Antes de cometer una tontería, las personas civilizadas -y las salvajes también- tenemos que desahogarnos, no se puede ser siempre simpático, ecuánime, observador, callado y obediente sin pagar un precio a cambio (siempre he tenido la duda de si se dice "precio" o "predio") De vez en cuando, de tanto en tanto, es necesario ser un capullo, un cabronazo, un malasangre y un malaje. Practicarlo con otras personas, sobre otras personas, termina por ser una venganza injustificada porque es con la rutina y los sinsabores de la vida con quien en realidad se está furioso -yo siempre me arrepiento cuando me vengo de alguien- así que, para quien os escribe, la salida de emergencia es la escritura. Sí, habéis leído bien, la escritura, y no la lectura, porque la lectura es un acto de aprendizaje, de absorción, de aleccionamiento y la escritura es el acto complementario, el de vuelta, de vómito, de desfogue, de liberación en definitiva.
     Toda una vida dedicada a la lectura en sus múltilpes manifestaciones (para leer no es necesario un libro, o dicho de otra forma: los libros no tienen el monopolio del acto de la lectura) deriva sin remisión a un acto de escritura. Es imposible dedicarse media vida a la lectura sin tomar la decisión, en un determinado tiempo o estadio vital de la persona, de escribir -también en cualquiera de sus manifestaciones- algo. Ese algo siempre, repito, siempre es una experiencia vital de una manera más o menos explícita, con los medios  que se domine -aunque sea sólo con la palabra- para sacar los demonios internos, para conjurarse por un tiempo de ellos.
     No obstante, no es fácil, porque el trayecto del cerebro al medio exterior tiene que pasar por un sistema nervioso, por un sistema represor (la conciencia) una destreza en una técnica de representación o expresión (palabra, escritura, dibujo, fotografía, música...) la voluntad final y la ya consabida cantidad de mala leche, que es inversamente proporcional a la capacidad de poder expresar a los demás los sentimientos y poder compartirlos. Pero al final, si se consigue expresar un mínimo del interior de cada uno, un demonio habrá salido de nosotros y, en función de cómo de bien lo hayamos expresado o los demás lo hayan entendido estará más lejos y por más tiempo. Y eso será un triunfo, al menos para quien firma esto lo es.
     El aire era rosa porque no tenía piel es, además de una hermosa estrofa de una canción (Ritmo en la ciudad) de Javier Corcobado, una puerta de la locura a la cordura tanto para él como para mí. Pero yo sólo alcanzo a ser un simple imitador de sus metáforas.


jueves, 6 de octubre de 2011

Querido Harry

Tengo que avisar que este artículo no trata del niño repelente aprendiz de brujo montado sobre una escoba y con gafas redondas que le hacen más repelente si cabe. Esto va del otro, del auténtico inspector Callahan, Harry Callahan, del canalla, del apuesto, del queridito y sucio (Dirty) Harry.

Al autor de este artículo le ha sido imposible encontrar un fotograma de la película en internet en el que no aparezca el famoso magnum 44 tan amenazante.
El personaje no difiere mucho de un superhéroe de cómic de la Marvel, la diferencia es que sus poderes se centran en su Mágnum 44 y en una retahíla de frases sentenciadoras fuera de cualquier réplica posible. Con esas armas, más la asombrosa y envolvente música de estilo superblackexplotation de Lalo Schiffin, Donald Siegel hace una película perfecta. Y digo perfecta sin reparos porque funciona 40 años después y eso sólo está al alcance de las obras maestras y porque tres generaciones de personas no pueden estar equivocadas, o puede que sí. El caso es que aunque su mensaje destile fascismo del rancio (no es otra cosa que el ideal del triunfador americano, del norte, mezclado con el culto a las armas y su dichosa segunda enmienda de su carta magna) no se puede sin acabar teniendo cierta simpatía por el personaje. La fórmula es vieja en el cine: buenos contra malos, pero aquí se varía porque toda la película se nos muestra al héroe como más malo y cabrón que el malo de verdad. John Waine no daba un puñetazo si antes no le atizaban a él (esto tiene que ver con la política de los EE.UU. de no iniciar nunca los conflictos –si es que alguien quiere creérselo todavía- que el departamento de defensa se encarga mediante la censura de dejar bien claro en todos los films) y si antes no se exponían las razones de ambos. Algo es algo. El problema de Harry, como el de otros tantos héroes americanos, es que el mensaje tiene que ser muy claro: si estás fuera de la ley acabas a dos metros bajo tierra, sí o sí.
Harry, en definitiva, no es más que es un prisionero de lo que se espera de él, un brazo armado de la ley, un icono de los que no creen que sea posible luchar contra el crimen con otras armas que no sean las pistolas. Pero aún se encierra un problema mayor como es el de la pena de muerte. La película se desarrolla en San Francisco (en California no existe) y lo que se propone es que Harry es la solución para vaciar las cárceles de los costosos criminales (aquí, en España, es cuestión de tiempo para que, con la excusa de la crisis, se empiece a agitar desde los sectores rancios y retrógrados del país las conciencias de la gente de a pie) y además un sistema infalible para agilizar el sistema judicial, que si aquí es lenta en América (del norte) encima se puede comprar.

N.A.: se ruega no descontextualizar ninguna de las frases escritas en caso de copiarlas.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

La señal de la decadencia.

Los azores han vuelto a la ciudad. Desde mi ventana veo cuatro todos los sábados por las tardes que me saludan con su vuelo concéntrico-hipnotizante. Esto parece una premonición, como si la Naturaleza mandara a sus oteadores a la ciudad para que le informasen del preciso instante en el que la humanidad decida perecer.
 
       Iris de Benito ha realizado un magnífico relato sobre la decadencia en la que supone nos tiene que derivar la actual crisis. Sus palabras me han evocado tantas películas que han tratado este tema tan interesante como desolador que no he podido evitar escribir estas líneas sobre su relato.
     No es la decadencia lo que estamos viviendo los últimos años. Esto es la crisis en la que deriva la decadencia que en años anteriores los neoconservadores o ultraliberales decidieron llamar “el estado del bienestar” (de su bienestar) y que el resto llamamos la opulencia. La decadencia del primer mundo, de Occidente, empezó el mismo día que terminó la decadencia de la U.R.S.S. para entrar en la  crisis de la que ya nunca salió. Apostillo que la decadencia del sistema soviético comenzó el día que llegó Stalin a reunir todo el poder en su persona; la paradoja es que la decadencia de la Unión soviética duró cincuenta años, la crisis sólo dos, después de esta lo que sobreviene en Rusia es el terror.
     La opulencia de unos pocos es su propia decadencia, mientras  todos los demás sobreviven como pueden. La opulencia del Estado deviene en su decadencia. El Estado tiene la obligación de no vivir nunca en la opulencia ni tampoco en lo contrario, sino en la sobriedad. La sobriedad es la única estrategia que debe perseguir la gestión del Estado y esta gestión corresponde a los gobiernos. El color o la ideología decimonónica arrastrada hasta estos días ha perecido, no existe, porque al contrario de lo que aún siguen aferrándose algunos ideólogos, la ideología (válgame la redundancia) desaparece si no consta de un número de personas suficientes para proclamarla, o mejor dicho, de un número de personas suficientes para atesorarla, porque de ¿qué sirve predicar en el desierto?
     Como dice Iris: “las calles empezaron a estar sucias”, y después la Naturaleza reclamó lo que en el tiempo fue suyo. Las ciudades son capas de cebolla de las que sólo vemos la exterior. Viene una gran ola que va a dejar sepultada a la sociedad actual y nadie nos ha dicho cómo se tiene que vivir con las nuevas reglas porque a nosotros nos toca constituirlas pero ¿cómo hacerlo sin el manto protector de un Estado? No sabemos vivir sin el Estado.